El buzón de una migrante española en Berlín, saturado de cartas debido a su fobia a la burocracia, implosiona, creando un agujero negro que succiona el idioma alemán del planeta.
Las palabras se evaporan de todo registro, sonoro o escrito. Los germanoparlantes pierden no solo su lengua, sino también sus nombres. Extranjeros en su propia tierra, recuperan la voz mientras duermen, ya que en el mundo de los sueños solo existe el alemán.
¿Cómo reacciona una sociedad despojada de su lengua? ¿Qué teorías conspirativas, ideologías o nuevos credos surgen para llenar ese vacío? Y, sobre todo, ¿quiénes somos sin nuestros nombres?
A través de las historias entrelazadas de dos personajes ordinarios, una migrante española desempleada y un cartero alemán que se adhiere al movimiento identitario de “los Sinnombre”, la novela explora desde el absurdo cómo la incertidumbre conduce al tribalismo.
Mientras este movimiento gana fuerza y alimenta el caos, el alemán, convertido en el idioma de los sueños, adquiere una dimensión espiritual a nivel mundial. Surge así el “Flaminismo”, un culto de personas en trance que se congregan en lugares abandonados a rezarle al fuego.
David J. Guerra Calderón nació un 29 de febrero en Sevilla. Se licenció en Psicología y, como tantos jóvenes millennials que se comieron la crisis, emigró en cuanto pudo. Ha repartido pizzas en Vespino, vendido cervezas en las calles de Viena, recogido hortalizas en pueblos de Irlanda y sobrevivido a la hostelería española en varios países. Con el tiempo logró trabajar de lo suyo y, en 2019, montó una consulta de psicoterapia especializada en migración, donde sigue ejerciendo.
Desde que llegó a Berlín en 2015, ha compaginado la psicología con la escritura y la promoción cultural. Cursó el Máster en Escritura Creativa en la UNIR y el Programa de Especialización en Guion de Ficción Cinematográfica de RTVE. Colabora con revistas y podcasts vinculados a la comunidad hispanohablante en Alemania, codirige los Debates Berlineses sobre psicología, filosofía y literatura, es miembro del colectivo Andaluces Levantaos y convive con un perro llamado Bowie, mucho más interesante que su cuidador.








