Soliloquio

La vida es una mierda, todo es una mierda.

Los días transcurren serios y tristes como un árbol al que están volteando.

El sol alumbra una larga fila de robots de carne sin norte y sin destino.La lluvia moja a seres feroces y débiles y les ablanda la carne, pudre sus ropas y les destruye las conciencias. La ciudad es un largo aullido de dolor, de desesperación y se lucha una guerra ya perdida. Bípedos implumes se lanzan unos contra otros y el ruido de sus huesos rotos en la pelea los deja sordos.Mil radios y doscientos canales de televisión embeben el aire con banalidades, y los periodistas, como profetas de la desgracia y estupidez, anuncian a cada minuto nuevos concursos con premios y nuevos desastres. Son como chicharras del infierno. Y no paran nunca, nunca.

José gana 18.000 pesos al mes y escucha lo que gana Messi y se pone contento, María tiene tres hijos y ningún lugar donde vivir y ve la novela y la heroína pobre se va con el chico rico y María se pone contenta. Roberto vive en una casa linda en un barrio lindo, está cómodo y tiene auto y va a dónde quiere y se gasta sus mangos. Pero está solo solo. Y cuando estás solo no hay nadie, y como estás solo ya seguís solo aunque estés acompañado, ya no esperas que la soledad se vaya de tu vida; por lo menos la soledad tiene el buen gusto de no dejarte más solo.

Yo estoy solo también, pero tengo esta 38 corta que es una reliquia y una hermosura, y estoy mirando esa casa de gente bianuda, [1]. Tienen una Toyota cuatro por cuatro que cuesta más plata que todo lo que gasté en mantenerme yo y mantener a mis cuatro hijos y a mi mujer en mis putos 47 años de vida. Ahora no hay laburo de soldador pero cuando había tampoco me gustaba. Una mierda, el fierrerío, el óxido, los ojos hechos concha. Nunca me gustó laburar, ¿para qué? Si nunca se sale de pobre laburando. Por eso me pasé la mitad de la vida en cana, lo lamenté un poco por los pibes, pero bueno, la pasé mejor de lo que la estaba pasando afuera. Y acá estoy, solo de nuevo, con esta pistola, esperando para entrar a la casa grande y linda de estos chetos pelotudos con perrito en la cartera. Ahora están mis nietos, y algunos de mis hijos están cagados de hambre. Creen en la honradez los muy boludos, y no le pueden comprar a los hijos ni una número cinco para que los pibes jueguen futbol. Los chetos se demoran, no se van. Tengo un dato, sé que cuando se vayan, la estúpida que les limpia la casa se va a quedar sola, y hay una bocha escondida ahí adentro, yo sé dónde está. Y sé dónde están las cámaras y cómo apagar la alarma. Todo me sé, paso por paso. Si me va bien tengo para tirar cinco, seis meses, como un rey. Y también voy a ayudar a los giles de mis hijos. Si me va mal termino de nuevo en cana o muerto.

La vida es una mierda, pero el cielo está azul, sin nubes, diáfano, de un azul marino profundo, como suelen estar los cielos de Córdoba en esta época, y sé que el mundo es lindo. Como dice un amigo que tiene cáncer y cree fervientemente en dios, “nos dieron un mundo muy lindo… los pájaros, el campo, las nubes…” Es cierto, el mundo es bellísimo, hermoso, increíble, joven, maravilloso… solo la vida nuestra es una mierda. Estoy divagando, malo para el laburo, me tengo que despabilar. Ahí se va la familia cheta. Se suben al auto, la empleada los saluda desde la puerta, es una sierva perfecta, hasta los despide alegre,  espero no tener que lastimarla. Ya no puedo pensar en otra cosa, hay que trabajar.