Mozart y Don Nadie

Diálogo uno

DON NADIE —¡Mozart!

MOZART —¿Qué?

DON NADIE —Está solo en esa habitación rectangular.

MOZART —La habitación no es rectangular.

DON NADIE —¿Como que no? Si yo la estoy viendo.

MOZART —Esta habitación no es rectangular, yo estoy adentro y la veo mejor que usted.

DON NADIE —Pero estás solo, eso es seguro.

MOZART —No estoy solo, estoy con mis sinfonías.

DON NADIE —¿Y eso qué?

MOZART —Son como prostitutas bien pagadas ellas, dóciles, tranquilas, fieles.

MOZART —A su manera sí, absolutamente fieles.

DON NADIE —De todas formas estás solo.

MOZART —No estoy solo, tengo millones en mis pensamientos, en ellos mi amada me ama y está conmigo. En ellos no existe la muerte de nadie, Dios es bueno y está a mi derecha, las ballenas cantan, los pájaros se posan en los hombros de las chiquillas, sus madres ríen y los hombres guardan sus penes y abren sus corazones. En mi mente los verdugos liberan a los torturados y los cuidan y los curan y después todos se emborrachan y ríen (¿nos emborrachamos y reímos?), el mar es celeste y la gente lo mira con dicha y no lo distingue del cielo. En mi sueño, las nubes parecen pájaros y los pájaros parecen niños y todo flota y se armoniza y hay luz, mucha luz y aún los seres de la noche se asoman y ríen y murmuran alegres. Ellos también se dan cuenta y abandonan sus seños fruncidos, sus ojos inyectados en sangre y su perversidad de lado y disfrutan como niños.

DON NADIE —Estás solo, no tengo dudas, hace mucho que te vengo observando.

Diálogo dos

DON NADIE —¡Mozart! (gritando), ¡la gente se muere de hambre!

MOZART —¿Qué?

DON NADIE —¡Que la gente se muere!

MOZART —¿Donde?

DON NADIE —¡En todos lados!

MOZART —No me moleste, estoy componiendo.

DON NADIE —¡Y mi mujer me engaña con otro tipo!

MOZART —No es usted el primero.

DON NADIE —El otro día se fueron a coger a un telo y él le tiró la ropa por la ventana del hotel, era un quinto piso.

MOZART —Cien mil millones de muertos según Arthur C Clarke.

DON NADIE —¿Qué?

MOZART —Que ya murieron cien mil millones de seres humanos.

DON NADIE —¿Dónde?

MOZART —En este planeta.

DON NADIE —¡Mierda!

MOZART —Sí.

DON NADIE —¡Puro muerte en este mundo entonces!

MOZART —Claro.

DON NADIE —¡La puta de mi novia me pone los cuernos! ¡La voy a matar!

MOZART —¿Cuándo?

DON NADIE —No sé…  pronto.

MOZART —¿Dónde?

DON NADIE —No sé.

MOZART —¿Y después que va a hacer?

DON NADIE —No sé, creo que me voy a suicidar.

MOZART —¿Cómo?

DON NADIE —Un tiro en la boca, dicen que hay que apoyar el caño en el paladar, me da un poco de miedo…

MOZART —Estoy terminando una sinfonía que va a poner feliz a todo aquel que la escuche

DON NADIE —¿Cómo se llama?

MOZART —No sé todavía, pero representa la alegría del sol y de la luna, la alegría de un hombre cuando oye a su amada. Cuando la ve bella y tranquila. Cuando sabe que ella está feliz al lado de él. Cuando se siente segura con él.

DON NADIE —¿Sí?

MOZART —Seguro

DON NADIE —¿También transmite el hechizo del atardecer cuando se tiene un hijo? ¿El encanto de esperar a la mujer que amás o de saber que ella viene de muy lejos sólo para verte?

MOZART —También.

DON NADIE —Entonces va a ser estupenda.

MOZART —Ya lo es, además también evoca la alegría de un amanecer lleno de pájaros, la dicha del orgasmo que te convierte en padre, la delicia de una pupila dilatada por la dicha, el éxtasis loco e infundado de la esperanza. La alegría del amor, de la compañía, de la calidez.

DON NADIE —¿Todo eso representa tu sinfonía? ¿No será mucho?

MOZART —No estoy seguro, tal vez solo lo haya soñado. En todo caso evoca la alegría de ese sueño.

DON NADIE —Brindemos por eso.

MOZART —Brindemos.

Diálogo tres

DON NADIE —Yo también tuve una familia. Fue antes de andar con la yira que tengo ahora.

MOZART —¿Y qué pasó? ¿Murieron en un accidente?

DON NADIE —No, mi mujer se fue con los chicos, dijo que yo era demasiado egoísta para estar en familia.

MOZART —Eso dicen todas las esposas.

DON NADIE —Pero no todas se van.

MOZART —Es cierto.

DON NADIE —Es que hasta que me casé yo vivía solo en departamento grande y espacioso en el centro. Enorme, con tres habitaciones, dos baños, cerca de todo, un lujo. Cuando me fui a vivir con ella todo cambió. Cada centímetro cuadrado de la casa había que compartirlo con la pesada de mi mujer y los chicos, algo agotador. No puedo decir que me puse triste cuando se fueron.

MOZART —Estoy componiendo una obertura basada en el silencio cósmico, en la tranquilidad interestelar, en los cambios de colores que se observan cuando muere una estrella, en las luces cambiantes y centelleantes de los anillos de Saturno… en los tonos pasteles de las nubes de gas que envuelven a Venus como un manto. Decididamente mi inspiración está basada en todo lo contrario de lo que usted acaba de contar.

DON NADIE —Qué bueno lo tuyo, y qué malo lo que me pasó, la familia es la muerte de la tranquilidad, de la inspiración, de la sabiduría.

MOZART —En esta obra maestra no habrá familias, solo un héroe, una especie de Hércules interestelar, solitario y atrevido, fecundando estrellas, sembrando auroras, cosechando soledades cósmicas. Los héroes, el continuo espacio—tiempo y las galaxias no necesitan familias. No estaba en el plan original del big bang esta multiplicación de seres humanos agrupados como moléculas en esa odiosa forma de familia.

DON NADIE —Debe ser difícil expresar tanto silencio a través de la música.

MOZART —Va a haber mucho silencio en la obra, no lo voy a expresar, lo voy a demostrar.

DON NADIE —Todo lo solido se desvanece en el aire

MOZART —¿Qué?

DON NADIE —Es una frase de Marx, y el título de un libro, se me ocurrió por mi familia, parecía algo sólido, pero ya no existe.

MOZART —Los estados de la materia son muy relativos, dependen de la temperatura, la presión y otras variables, tal vez deberían haber elegido un lugar más frío para vivir.

DON NADIE —A veces extraño, eran pesados, y el baño no estaba nunca desocupado, el televisor aturdía todo el día, pero extraño la calidez del hogar, la cena preparada por una mujer, los niños durmiendo…

MOZART —No podría escribir ninguna obra maestra basada en sus insípidas apreciaciones. Con esos datos tan sentimentales y ordinarios tendría que componer rock pesado o cuarteto, o algún género meloso y no estoy lo suficientemente discapacitado para eso. Tampoco soy lo convenientemente ignorante para crear ese tipo de obras.

DON NADIE —A veces pienso que no tenés corazón, otras veces lo compruebo. Yo me lo estoy arrancando, para no sufrir.

MOZART —Muy recomendable.

DON NADIE —Está noche tengo una cita con una rubia de pechos grandes, y creo que artificiales. Todo en ella es caro, terso y reluciente, es como invertir en la bolsa de valores, pero en este caso los beneficios vuelven en forma de orgasmos, placer táctil y regocijo visual. Invierto dinero y obtengo sensaciones placenteras. No es tan malo, el problema es que me desfavorecen los términos del intercambio. Mi dinero va a valer cada vez menos y su cuerpo y su cara van a valer cada vez más. Lo sé por experiencias previas.

MOZART —Es extraño, ella, que aporta materia prima, obtiene ventajas sobre usted que aporta a la tecnología, o sea el auto, el yacusi, el departamento, la pc, el DVD, el televisor de pantalla plana y el dinero.

DON NADIE —Este tipo de mujer es astuta, integra todos los procesos de producción y comercialización, nace con la materia prima pero además le agrega mucho valor agregado. Además se educa desde niña para desplumarnos, es el capital social que tienen.

MOZART —Es difícil realizar una obra trágica con tan poco romanticismo, o sentido de lo heroicidad, es una suerte para usted no ser escritor.

DON NADIE —¡Pero quiero serlo! Además siempre me enamoro, y siempre me rechazan. Eso hace que me hunda en las profundidades más abismales de la existencia. Con ese material de seguro puedo escribir una obra maestra.

MOZART—Si tiene el talento sí, pero todavía tendría que recuperarse de la depresión, y un enamorado rechazado generalmente no tiene fuerzas ni para apretar la perilla que enciende la luz del living.

DON NADIE —Es cierto, la última vez estuve tres días mirando el techo de mi habitación, no me moví más que para tomar dos vasos de agua que estaban en la mesa de luz, tampoco me saqué la ropa. ¿Tenés algún consejo para darme acerca del amor?

MOZART —Escribí una ópera, se llama Don Juan, léala, estúdiela, disfrútela.

DON NADIE —Me voy, mi cita y mi sufrimiento me esperan, la carne es débil y nosotros sus esclavos.

MOZART —Vaya con Dios.