SOLO de A.C.

Martes al atardecer, avanzo pensativo por la Plaza de la Intendencia cuando veo a un hombre sentado sobre un banco. Lleva un gastado abrigo color azul que llega a sus rodillas. Las solapas levantadas. Le calculo unos 60 años. Tiene pinta de tipo desamparado pero no muy honrado. El mentón apoyado sobre el pecho como si durmiera. Cuando paso levanta la cara, me mira, los ojos muy hundidos de una negrura espectral muestran sufrimiento de largo aliento. Parece que me va a decir algo, pero no. Baja la frente y su cuerpo se sacude como una red sacudida por el gol. Sigo camino. Corre un viento helado que viene del sur pero no creo que sea por eso el escalofrío que siento.